Nuestra rutina de belleza puede incluir muchos productos: crema hidratante, champú, gel, desodorante, maquillaje, protector solar, perfume…
Los utilizamos prácticamente todos los días, pero ¿sabemos realmente qué contienen?
Aprender a leer una etiqueta puede cambiar completamente nuestra manera de comprar cosméticos.
Natural no siempre significa lo mismo
Uno de los primeros conceptos que debemos tener claros es que la palabra «natural» no significa automáticamente que un producto sea mejor o más adecuado para todo el mundo.
El marketing puede utilizar términos como natural, limpio, vegetal o ecológico de diferentes maneras.
Por eso es importante ir más allá del mensaje de la parte delantera del envase y aprender a consultar la lista de ingredientes.
¿Qué encontramos en una etiqueta cosmética?
Los ingredientes aparecen normalmente siguiendo una nomenclatura internacional conocida como INCI.
Al principio puede parecer difícil de entender porque aparecen nombres que no utilizamos habitualmente.
Sin embargo, con un poco de práctica podemos empezar a reconocer familias de ingredientes y saber qué estamos comprando.
No necesitamos convertirnos en químicos para aprender a interpretar una etiqueta.
Cosmética y disruptores endocrinos
La cosmética es especialmente interesante cuando hablamos de exposición cotidiana porque muchos productos se utilizan de manera repetida y durante largos periodos de tiempo.
Por eso, una de las líneas de trabajo consiste en aprender a identificar determinados ingredientes que queremos evitar o reducir, especialmente cuando aparecen repetidamente en nuestra rutina.
Esto no significa que un único producto vaya a determinar nuestra salud ni que debamos sentir miedo ante cualquier ingrediente químico.
La cuestión es reducir exposiciones innecesarias y aprender a elegir mejor.
Empieza por tu rutina diaria
Una buena manera de comenzar es hacer un pequeño inventario de los productos que utilizamos habitualmente.
Por ejemplo:
- champú;
- gel de ducha;
- crema corporal;
- desodorante;
- crema facial;
- maquillaje;
- perfume.
Después podemos revisar sus ingredientes y decidir qué productos queremos mantener y cuáles podemos sustituir progresivamente.
Menos productos, más criterio
La cosmética natural también puede ser una oportunidad para simplificar nuestra rutina.
No siempre necesitamos diez productos diferentes.
Una rutina sencilla, adaptada a nuestras necesidades y basada en productos que conocemos puede ser mucho más interesante que acumular numerosos cosméticos.
Formarse para elegir
Aprender sobre cosmética natural no significa seguir una lista interminable de ingredientes prohibidos.
Significa adquirir herramientas para comprender las etiquetas, cuestionar la publicidad y tomar decisiones informadas.
Ese es precisamente el objetivo de una formación en cosmética natural: que puedas salir de la tienda con más criterio y menos dependencia de las promesas del envase.